ACE Archivos de Ciencias de la Educación, vol. 20, nº 29, e189, junio - noviembre 2026. ISSN 2346-8866
Universidad Nacional de La Plata - Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Departamento de Ciencias de la Educación.

Reseñas

Kaplan, Carina V. Educar en la empatía. ¿Cómo aprender a ponerse en el lugar del otro? Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Paidós Educación. 2026, 112 páginas. ISBN: 978-950-12-1103-0

Jorge Eduardo Catelli
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina

Cita recomendada: Catelli, J. E. (2026). Kaplan, Carina V. Educar en la empatía. ¿Cómo aprender a ponerse en el lugar del otro? Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Paidós Educación. 2026, 112 páginas. ISBN: 978-950-12-1103-0. Buenos Aires: FLACSO Argentina, Ediciones Tornasol. 2024. Archivos de Ciencias de la Educación, 20(29), e189. https://doi.org/10.24215/23468866e189

El libro Educar en la empatía. ¿Cómo aprender a ponerse en el lugar del otro?, de Carina V. Kaplan, se inscribe en una línea de investigaciones que, desde hace más de dos décadas, vienen problematizando las relaciones entre educación, desigualdad, reconocimiento y subjetividad. En esta obra, la autora propone un desplazamiento relevante dentro del campo socioeducativo: situar la dimensión afectiva como eje estructurante de las trayectorias escolares, de las prácticas pedagógicas y de los procesos de inclusión y exclusión que atraviesan la experiencia educativa contemporánea. Este desplazamiento no implica una mera incorporación temática, sino una reconfiguración del modo en que se piensa la justicia educativa, la igualdad de oportunidades y el sentido mismo de la escolarización en sociedades atravesadas por profundas asimetrías.

Desde una perspectiva que articula sociología de la educación, estudios culturales, filosofía política y teoría social, Kaplan construye un marco analítico que permite comprender cómo las emociones, los vínculos y las formas de reconocimiento inciden de manera decisiva en la producción de desigualdades. Lejos de concebir los afectos como un suplemento subjetivo o como una variable individual y dependiente de la administración volitiva, la autora los aborda como construcciones sociales e históricas, inscriptas en tramas institucionales, políticas y culturales específicas, que configuran condiciones diferenciales de posibilidad para el aprendizaje, la participación y la permanencia en el sistema educativo, lo que pone de relieve el “trabajo emocional” inherente a la vida escolar.

El libro se organiza en torno a dos grandes núcleos reflejados en sus capítulos: por un lado, el análisis de la empatía, la imaginación empática, el amor y el reconocimiento, la solidaridad, como condiciones de posibilidad para una escolaridad justa; por otro, la indagación sobre el sufrimiento social, la humillación, la estigmatización y la precarización afectiva como mecanismos de reproducción de las desigualdades. Esta doble orientación permite a Kaplan sostener una mirada compleja que evita tanto las lecturas psicologizantes como los reduccionismos estructuralistas, situando la experiencia escolar en el cruce entre estructuras sociales, dinámicas institucionales y trayectorias subjetivas.

En los primeros capítulos, la autora desarrolla con precisión conceptual las nociones de empatía, sensibilidad moral, reconocimiento y justicia afectiva. Recuperando aportes de Axel Honneth, Martha Nussbaum, Norbert Elias, Eva Illouz, Arlie R. Hochschild, David Le Breton y Richard Sennett, entre otros, muestra cómo la capacidad de ponerse en el lugar del otro no constituye una disposición natural sino una práctica social que se aprende, se transmite y se inhibe en contextos específicos. La empatía aparece, así, como una competencia ética y política, estrechamente vinculada con la posibilidad de construir comunidades educativas inclusivas, democráticas y socialmente responsables. El capítulo 1 presenta su marco conceptual y desarrolla conceptos centrales, tales como su idea de “escuela sensible”, la “imaginación empática”, “la solidaridad como emoción”, “la memoria escolar emocional”, el “lazo afectivo”, “el tejido afectivo”, la “ambivalencia”, posibles intervenciones sobre “las violencias”, los “entramados de confianza”, “la vida afectiva de los docentes” y “la felicidad como ética”. El capítulo 2 ofrece un glosario conceptual que sistematiza las categorías clave propuestas en la obra: las “culturas afectivas”, la “justicia afectiva”, la “trama sentimental”, las “experiencias emocionales”, el “habitus emotivo”, el “muro afectivo”, el “dolor social”, las “narrativas y trayectorias afectivas”, la “felicidad colectiva” y la “empatía”, en tanto imaginación comprensiva.

En torno a este marco, Kaplan analiza las formas en que las instituciones escolares producen climas emocionales que habilitan o restringen el reconocimiento. Las normas implícitas, las expectativas docentes, las clasificaciones meritocráticas y los dispositivos evaluativos configuran escenarios donde ciertos estudiantes son sistemáticamente valorados y otros quedan expuestos a procesos persistentes de descalificación simbólica, invisibilización y deslegitimación. En este sentido, el libro aporta una lectura fina y rigurosa sobre los modos en que la desigualdad se encarna en experiencias afectivas cotidianas.

Uno de los aspectos más relevantes de la obra es la articulación entre análisis teórico y material empírico. A través de entrevistas, relatos de vida, observaciones y escenas escolares, la autora reconstruye las vivencias de estudiantes y docentes, mostrando cómo el sufrimiento, la vergüenza, el miedo al fracaso y la sensación de no pertenecer atraviesan las trayectorias educativas. Estas narrativas no funcionan como meros ejemplos ilustrativos, sino como insumos centrales para comprender los procesos de subjetivación y los modos en que se internalizan las jerarquías escolares.

En este punto, el libro se distancia de enfoques que tienden a responsabilizar individualmente a los sujetos por sus dificultades escolares. Kaplan muestra que las emociones vinculadas al aprendizaje están profundamente condicionadas por las posiciones sociales, las historias familiares y las experiencias previas de reconocimiento o rechazo. El “fracaso” escolar aparece, así, como un fenómeno relacional, producido en la intersección entre estructuras sociales, prácticas institucionales y economías afectivas, antes que como un déficit personal.

En los tramos finales, del libro Kaplan introduce la noción de felicidad colectiva como horizonte ético-político. Frente a las versiones individualistas y mercantilizadas del bienestar, la autora sostiene que la felicidad sólo puede pensarse en términos relacionales, ligada a condiciones materiales dignas, vínculos de cuidado y reconocimiento mutuo, no sin apoyar sus fundamentaciones en Durkheim, Simmel, Adorno y Freud, entre otros. Desde esta perspectiva, la escuela aparece como un espacio privilegiado para la construcción de experiencias compartidas de sentido, pertenencia y esperanza, capaces de contrarrestar los efectos fragmentadores del orden social contemporáneo. Este planteo adquiere especial relevancia en el contexto actual, marcado por procesos de fragmentación social, competencia exacerbada y precarización de los lazos. La autora advierte sobre los riesgos de una pedagogía centrada exclusivamente en el rendimiento y la medición de resultados, que tiende a erosionar las bases afectivas de la convivencia democrática. En contraposición, propone una ética educativa orientada al cuidado, la cooperación, la responsabilidad colectiva y el reconocimiento de la vulnerabilidad como condición constitutiva de lo humano.

El libro dialoga de manera productiva con tradiciones críticas latinoamericanas, particularmente con aquellas que han problematizado los efectos del colonialismo, el neoliberalismo y la desigualdad estructural en los sistemas educativos. Sin recurrir a consignas simplificadoras, Kaplan integra estas perspectivas en un análisis situado, atento a las especificidades del contexto argentino y regional, y comprometido con una reflexión pública sobre la justicia social.

Desde un punto de vista metodológico, la obra se caracteriza por un equilibrio logrado entre densidad teórica y claridad expositiva. La escritura mantiene un registro académico riguroso sin renunciar a la sensibilidad narrativa. Este rasgo favorece la circulación del libro tanto en ámbitos universitarios como en espacios de formación docente, intervención institucional y gestión educativa. En este sentido, resulta de especial interés para investigadores, docentes, formadores y responsables de políticas públicas, así como para todos aquellos interesados en comprender cómo se producen y se disputan las condiciones simbólicas del aprender y del convivir.

Un aspecto especialmente valioso es la forma en que la autora logra articular dimensiones macro y micro. Las transformaciones del capitalismo emocional, las políticas educativas y los discursos meritocráticos son analizados en relación con escenas concretas de aula, vínculos cotidianos y trayectorias singulares. Esta perspectiva evita disociar las condiciones estructurales de las experiencias subjetivas y contribuye a una comprensión integrada de los procesos educativos.

En definitiva, Educar en la empatía constituye un aporte sustantivo al estudio de las relaciones entre afectividad, desigualdad y justicia en la escuela. El libro ofrece una mirada compleja, situada y teóricamente informada sobre procesos que suelen permanecer en los márgenes del análisis educativo. Al poner en el centro la dimensión emocional, en particular la de la empatía, como problema político y pedagógico, Kaplan contribuye a renovar las discusiones sobre inclusión, calidad educativa y democracia. En un escenario atravesado por profundas transformaciones sociales, este libro invita a repensar la escuela como un espacio de reconocimiento, cuidado y construcción colectiva de sentido.



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