ACE Archivos de Ciencias de la Educación, vol. 20, nº 29, e188, junio - noviembre 2026. ISSN 2346-8866
Universidad Nacional de La Plata - Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Departamento de Ciencias de la Educación.

Reseñas

Chartier, Anne–Marie y Brito, Andrea. Tras los gestos de la enseñanza.Un andar posible para la investigación y la formación. Buenos Aires: FLACSO Argentina, Ediciones Tornasol. 2024, 188 páginas, ISBN 978-631-90324-2-0

Leticia Anthonioz Blanc

Instituto Superior de Formación Docente y Técnica n° 210 / Bachillerato de Bellas Artes, Universidad Nacional de La Plata, Argentina
Cita recomendada: Anthonioz Blanc, L. (2026). Chartier, Anne–Marie y Brito, Andrea. Tras los gestos de la enseñanza.Un andar posible para la investigación y la formación. Buenos Aires: FLACSO Argentina, Ediciones Tornasol. 2024. Archivos de Ciencias de la Educación, 20(29), e188. https://doi.org/10.24215/23468866e188

¿Cuánto de lo que sucede en las aulas de la formación docente se nos escapa del lenguaje? Esa fue una de las primeras preguntas que me hice al leer este libro. Intentando pensar una respuesta recordé algo que aprendí de la historia de la lectura y escritura: hubo un tiempo en que las vías de acceso al conocimiento fueron fundamentalmente orales y gestuales. Más tarde y gracias al acceso masivo a las culturas de lo escrito, se privilegiaron el leer y el escribir como fuentes y herramientas para la construcción del conocimiento. ¿Qué se perdió en el camino?, ¿cuánto de lo que sabemos no se puede nombrar?, ¿qué se invisibilizó en ese proceso?, ¿cuánto y cómo de lo que se hace en las aulas y del por qué se lo hace es posible transmitir?

De eso va este libro que es una conversación, un cruce, una intersección. Un encuentro entre las autoras, entre la teoría y la práctica, entre la investigación y la formación. Pero, sobre todo, es una propuesta de discusión entre los lectores y el texto a partir de la reflexión con los propios fundamentos y prácticas formadoras. Es un libro para leer y para escuchar porque entre sus páginas resuenan los ecos de clases transitadas; de las lecturas, discusiones y debates, siempre renovados. Es un libro para pensar, un libro “para usar”.

La pregunta por los gestos de la enseñanza es la pregunta por el cómo se aprende un hacer, los modos y espacios en los que se ejerce y en el caso del oficio de enseñar, implica también la interpelación por las formas en que ese ejercicio mejora la enseñanza. Es abordar -en consecuencia- las intersecciones entre teoría y práctica, los vínculos posibles y virtuosos entre la investigación y la formación. Sobre estas cuestiones trata este libro a dos voces, escrito a cuatro manos por Anne-Marie Chartier y Andrea Brito.

Temas de interés, espacios de trabajo y modos de mirar compartidos han oficiado como marco de una larga conversación sostenida en el tiempo y recurrente en sus tópicos: la escuela y las aulas, los docentes y su formación, las prácticas de enseñanza que allí acontecen. Intercambios siempre renovados y nutridos por diferentes experiencias y observaciones: museos y obras de arte, caminatas que se detienen a observar un edificio escolar, visitas a establecimientos educativos que se reconstruyen en este libro organizado en una introducción firmada por Andrea Brito, dos capítulos dialogados y un apéndice conformado por tres artículos de Anne-Marie Chartier que no habían sido –hasta ahora– traducidos al castellano.

Las autoras nos comparten sus haceres y pensares acerca de las cuestiones que nos preocupan en el campo de la formación docente, y lejos de cerrarse en respuestas, se constituyen en un faro que ilumina–para interrogarlas– a las prácticas de investigación y de formación docente: ¿cuáles son sus vínculos?, ¿cómo transmitimos los saberes prácticos construidos a partir de los haceres cotidianos de la formación docente? En sus palabras: “¿De qué modo los discursos procedentes de las voces académicas, políticas y sociales se hacen escuchar y se integran en el trabajo de enseñanza? ¿Cómo pensar esto en relación con la formación de maestros y profesores?” (p. 59).

“Hacer hablar a las prácticas docentes, ¿para decir qué?” es la pregunta-tópico que titula al primero de los capítulos-conversación. La cita de Michel de Certeau que lo inicia nos sitúa –siguiendo a Michel Foucault– al borde del acantilado que supone “inventar un discurso para prácticas no discursivas” (p. 12). Y en este punto, dado que “para aproximarse a posibles intersecciones entre investigación y formación docente” (p. 12) es inevitable abordar los vínculos entre teoría y práctica, las autoras revisitan sus cruces y tensiones.

Asumen que las experiencias de formación que acontecen en la escuela son una fuente de “artes de hacer”, según de Certeau. De esta manera, postulan –alejándose de posiciones aplicacionistas, de alianzas virtuosas en las que teoría y práctica se retroalimentan, de jerarquizaciones del saber– la coexistencia de dos lógicas propias de dos comunidades de producción de saberes diferentes: las prácticas de investigación y las prácticas de formación. En suma, entienden a las prácticas pedagógicas “no como lugares de eficacia dependientes de una aplicación correcta de la teoría, sino como lugares de producción de conocimientos o de significados por parte de los individuos” (p. 19).

La dificultad que se plantea es cómo registrar a través de la escritura los saberes de la acción, los encadenamientos de gestos profesionales docentes, para sistematizarlos y transmitirlos. Cuestión que nos lleva al segundo capítulo: “Observar las prácticas escolares ¿para ver qué?”. En este capítulo se incluyen una serie de conferencias que Anne-Marie Chartier dictó como parte de un seminario ofrecido en el marco de la Especialización en Lectura, Escritura y Educación (FLACSO – Argentina) que tuvo como propósito problematizar los sentidos de las prácticas escolares preguntándose por el qué, el quiénes y el para qué de la observación de las prácticas escolares. Prácticas que se asumen como “supuestamente conocidas” ya que “cuando algo se ve todo el tiempo, terminamos por no verlo más” (pág. 61), y que por lo tanto es necesario desnaturalizar para poder interrogarlas. Para ello, Chartier propone una metodología que fue construyendo –afirma– durante sus cuarenta años como formadora de maestros. Este capítulo se constituye en un “registro de clase” que se lee escuchando.

La primera cuestión que nos advierte la autora es la de no confundir observaciones “profesionales” con recuerdos escolares. Por ello, es necesario explicitar, entonces, qué de lo visto recuerda a la propia escuela y a las clases transitadas; para luego fijar prioridades de observación y “poner un objeto en primer plano, pero sin olvidar el resto de lo que sucede en el aula” (p. 64). Su propuesta supone enfocar las observaciones en diferentes planos: la perspectiva sociocultural a partir de las vinculaciones entre los universos culturales de los estudiantes y la cultura escolar, la dimensión pedagógica atendiendo a las interacciones entre docentes y alumnos, y la enseñanza y aprendizaje de los contenidos que se ponen en juego en la situación escolar a lo que denomina “perspectiva didáctica”. En sus palabras: “Lo que la propuesta intenta reflejar es cómo observar lo que sucede en la clase más allá de lo que dicen los libros. O, dicho de otro modo, cómo observar todo lo que no puede encontrarse en los libros” (p. 66)

La última sección de esta publicación es el “Apéndice Tres Lecturas” que incluye artículos de Anne- Marie Chartier, inéditos hasta ahora castellano. Valiosas lecturas que amplían las discusiones que se plantean en los capítulos anteriores. En el primero, “Los ‘haceres’ cotidianos del aula. Un desafío para la investigación y la formación”, la autora analiza los enfoques asumidos por las disciplinas científicas que han estudiado la institución escolar y postula la necesidad de construir un “metadiscurso que nos permita hablar de la escuela en la escuela” (p.182) para narrar, visibilizar, interrogar y pensar el trabajo cotidiano de los y las docentes. En “¿Cuadernos o carpetas? El poder de un dispositivo cotidiano”, el segundo artículo que se nos convida, la autora analiza las prácticas y el trabajo escolar a partir de los usos y la potencia del concepto de dispositivo de Michel Foucault.

Por último, en “Los saberes escolares. Realidades y ficciones”, Chartier retoma la representación enciclopedista de los saberes escolares como “árbol del conocimiento” que multiplica sus ramificaciones conforme se avanza en el sistema, donde cada bifurcación supone niveles cada vez más avanzados y especializados del conocimiento. La retoma y problematiza explicitando sus limitaciones respecto la invisibilización de los procesos (y las disputas) que establecen y legitiman a los programas escolares y de la indiferenciación que supone respecto de los conceptos de saber, ciencia y disciplina; como así también su poder ordenador en relación a la formación y el trabajo docente, para volver a interrogar el lugar de las prácticas efectivas y singulares del hacer cotidiano de la escuela.

Un niño lee de noche, luego de hacer su tarea escolar. Lee un libro en el que un bandolero camina por un sendero de abedules. El niño no sabe qué son los abedules, sin embargo, esa palabra se queda entre sus labios. Mientras se acuesta piensa cómo es que se hace para que las cosas tengan nombre: ¿ya vienen con uno y hay que adivinarlo?, ¿hay nombres ya pensados y disponibles para llamar a las cosas que aún no tienen uno? Si así fuera, piensa este niño, abedules debería nombrar a las caricias que se le hacen a un brazo blanco. Abe sería la parte acariciada del brazo, dules los dedos que acaricia. Y escribe: “Yo quiero hacerle abedules a mi maestra”. Con esta cita de las “Tierras de la memoria” tomada de las Obras Completas de Felisberto Hernández comienza este libro.

Un libro diferente. Difícil de reseñar por distinto, por la diversidad de registros, porque es una obra producto de la compleja intersección entre la investigación y la formación docente. Una urdimbre de géneros variados que pone en valor las diversas fuentes de conocimiento que se entraman y producen en el oficio de enseñar: argamasa que constituye las experiencias de quienes hacen de la formación y la investigación sus prácticas cotidianas y habituales. Es en dicha alquimia –que se traduce en prácticas de lectura, escritura y oralidad– donde se cocinan, comparten y convidan estos –nuestros– saberes sobre la enseñanza y sus gestos.

En definitiva, Anne-Marie Chartier y Andrea Brito nos invitan a hacer abedules, esto es, a nombrar lo que aún no tiene nombre.



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