ACE Archivos de Ciencias de la Educación, vol. 20, nº 29, e182, junio - noviembre 2026. ISSN 2346-8866
Universidad Nacional de La Plata - Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Departamento de Ciencias de la Educación.

Dosier

Docentes investigadores y evaluación de la investigación en las universidades nacionales argentinas: una aproximación cuantitativa

Antonio Camou

Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP-CONICET), Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata / Universidad de San Andrés, Argentina
Marcelo Prati

Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP-CONICET), Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata, Argentina
Sebastián Varela

Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP-CONICET), Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata, Argentina
Cita recomendada: Camou, A., Prati, M. y Varela, S. (2026). Docentes investigadores y evaluación de la investigación en las universidades nacionales argentinas: una aproximación cuantitativa.Archivos de Ciencias de la Educación, 20(29), e182. https://doi.org/10.24215/23468866e182

Resumen: El presente trabajo tiene por objeto la investigación científica en las universidades nacionales argentinas, haciendo foco en los distintos tipos de actores que la desarrollan, así como en las carreras académicas que éstos recorren, basadas en sistemas de evaluación específicos. Los objetivos del trabajo son dos: por un lado, caracterizar las magnitudes y estructuras de la carrera docente universitaria, la carrera de investigador del CONICET y la carrera definida por las categorías en el Programa de Incentivos; por el otro, analizar comparativamente la trayectoria de dos tipos de trayectorias de docentes investigadores que conviven en las universidades argentinas. Nos referimos a los investigadores del CONICET que son docentes en las universidades, y los docentes universitarios que no pertenecen a dicho organismo pero que realizan actividades de investigación (los llamaremos “universitarios puros”). Desde el punto de vista metodológico el trabajo ofrece una aproximación cuantitativa basada en datos sobre recursos humanos provenientes del Sistema de Información de Ciencia y Tecnología Argentino (SICYTAR), complementados con información agregada de los anuarios de estadísticas universitarias.

Palabras clave: Carrera académica, Profesión académica, Evaluación académica, Investigación universitaria, CONICET.

Researcher-Professors and Research Evaluation in Argentine National Universities: A Quantitative Approach

Abstract: This paper focuses on scientific research in Argentine national universities, placing emphasis on the different types of actors involved, as well as on the academic careers they pursue, which are based on specific evaluation systems.The study has two objectives: firstly, to characterise the scale and structure of the university teaching career, the CONICET research career, and the career defined by the categories in the Incentives Program; and secondly, to conduct a comparative analysis of two types of career paths followed by teaching-research staff that coexist within Argentine universities. We refer to CONICET researchers who are university professors, and university professors who do not belong to that organization but who carry out research activities (we shall refer to them as “pure academics”).From a methodological standpoint, the study offers a quantitative approach based on human resources data drawn from the Argentine Science and Technology Information System (SICYTAR), complemented with aggregated information from university statistical yearbooks.

Keywords: Academic career, Academic profession, Academic evaluation, University research, CONICET.

Introducción

A partir de un análisis cuantitativo el presente trabajo caracteriza y compara rasgos descriptivos y de desempeño de los docentes que realizan tareas de investigación en las universidades nacionales (UUNN) argentinas, los cuales recorren distintas carreras académicas, basadas en sistemas de evaluación específicos.1

Los docentes universitarios pueden recorrer principalmente tres carreras en relación más o menos directa con la investigación: la carrera docente, la carrera del investigador científico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), y la carrera del Programa de Incentivos a los Docentes Investigadores de Universidades Nacionales. Cada carrera está definida a partir de un sistema de evaluación propio, que determina el ingreso, la permanencia y el ascenso en la misma. Dos de estas carreras, la docente y la del CONICET, corresponden a un puesto de trabajo en una universidad o en el organismo de investigación, en tanto la del Programa de Incentivos es un sistema de clasificación, asociado en sus orígenes al cobro de un plus salarial (no actualmente), al que pueden presentarse los dos tipos de actores académicos mencionados.

A partir de este cuadro, dos preguntas principales orientan nuestra exploración. Por una parte, desde una perspectiva macro nos preguntamos: ¿qué vínculos, tensiones y solapamientos estructurales hay entre las carreras académicas analizadas? Mientras que desde una mirada micro buscamos comprender: ¿cómo afectan estas lógicas estructurales las opciones individuales de los agentes?

De este modo, los objetivos del trabajo son, por un lado, caracterizar la magnitud de estas carreras, así como sus vínculos, solapamientos y tensiones, en el conjunto de los académicos, docentes investigadores, que realizan actividades de investigación en las universidades nacionales. Por otro, analizar comparativamente distintos aspectos de la trayectoria de los docentes investigadores al interior de cada una de ellas. A lo largo del mismo prestaremos especial atención a una peculiaridad del sistema científico universitario argentino: la convivencia de dos tipos de actores diferenciados, los investigadores del CONICET que poseen un cargo docente en una universidad (aproximadamente tres cuartas partes del total de investigadores), y los docentes universitarios no pertenecientes a dicho organismo que realizan tareas de investigación.

El material empírico analizado proviene centralmente de datasets sobre el personal que realiza actividades de investigación correspondientes al año 2020 (los más recientes de acceso público), basados en datos del Sistema de Información de Ciencia y Tecnología Argentino (SICYTAR), disponibles en el portal de la actual Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología (SICyT, ex Ministerio); complementariamente utilizaremos información estadística relevada por la anterior Secretaría de Políticas Universitarias (SPU), hoy subsecretaría.

Luego de esta introducción, el trabajo se estructura en las siguientes secciones. En primer lugar, presentamos algunas breves consideraciones analíticas, las cuales remiten a otros trabajos precedentes de nuestro equipo, donde las mismas son desarrolladas de manera más amplia, así como a los trabajos de otros autores directamente vinculados con nuestro tema. En segundo lugar, caracterizamos cada una de las tres carreras mencionadas, haciendo foco, por un lado, en los respectivos sistemas de evaluación, en el entendido que éstos son fundamentales para comprender las orientaciones de los actores; y por el otro, en los vínculos y solapamientos entre aquellas. En tercer lugar, presentamos las principales variables que guían el análisis cuantitativo, y la definición de una tipología de actores que será utilizada en el trabajo. A continuación, analizamos, por un lado, el acceso a los puestos más altos de cada carrera según edad y género, como un modo de ponderar la mayor o menor apertura al ascenso; y por el otro, comparamos el desempeño de los principales tipos de actores definidos, los investigadores del CONICET y los universitarios puros, en la carrera docente y en el Programa de Incentivos. En la última parte del trabajo, luego de una sección en la que se retoman y discuten los principales resultados alcanzados, se formulan reflexiones finales a modo de epílogo, en las cuales, recurriendo centralmente a conceptos desarrollados por el sociólogo Pierre Bourdieu, se sugieren algunas hipótesis interpretativas a explorar en futuros trabajos, mediante la producción de evidencia adicional, tanto cuantitativa como cualitativa.

Breves consideraciones conceptuales

El análisis propuesto en estas páginas se mueve entre dos coordenadas de interpretación reiteradamente señaladas por la bibliografía especializada, y que hemos abordado con más detalle en otros trabajos de nuestro equipo (Camou, Prati y Varela, 2024; Prati, 2024). Por un lado, en el plano de la configuración estructural de un espacio social, todo sistema de evaluación tiende a estratificar a los agentes, distribuyendo de manera asimétrica y conflictiva recursos estratégicos escasos en términos de capital económico, cultural, social o simbólico (Bourdieu, 1990 y 1991b; Bernstein, 1990). Por otro lado, en el nivel de la agencia individual, toda estructura funcionalmente especializada y competitiva obliga a los agentes a realizar “apuestas” en un campo, en términos de opciones de carrera, de inversión diferencial de tiempo y esfuerzos, de estrategias de lucha y de legitimación, etc. (Bourdieu y Wacquant, 1995).

Desde un punto de vista macro, los patrones de estratificación se van imponiendo a través de una historia de antagonismos que cristalizan en prácticas y reglas de juego que alcanzan cierta estabilidad reproductiva, basada en un equilibrio dinámico entre cooperación y conflicto (Gutiérrez, 2010). Pero desde una perspectiva micro, dada la vigencia de ciertas reglas, los agentes individualmente se inclinan por invertir sus recursos con arreglo a una amplia gama de decisiones tácticas (adopción, adaptación, resistencia, bloqueo, etc.), con arreglo a tres estrategias fundamentales: conservación, sucesión o subversión (Bourdieu, 1991a). Por tal razón, enfatiza el autor de La distinción, “estar interesado es acordar a un juego social determinado que lo que allí ocurre tiene un sentido, que sus apuestas son importantes y dignas de ser perseguidas” (Bourdieu y Wacquant, 1995, p. 92). Incluso estas luchas son vistas como carentes de sentido para quienes no comparten los códigos de interpretación del propio campo: “la gente que es ajena al mundo intelectual se asombra al ver cómo los intelectuales luchan, y con violencia inaudita, por lo que parecen ser apuestas triviales. De hecho, las apuestas pueden revestir una importancia extrema” (Bourdieu, 2010, p. 263).

En este marco, dentro de la amplia bibliografía existente sobre los temas tratados en estas páginas, destacamos algunos trabajos que abordan de manera directa la relación entre actores universitarios y del CONICET, cuyas ideas han sido un punto de referencia para el nuestro.

En primer lugar, Ana García de Fanelli (2019), presenta un panorama cuantitativo de la investigación en las universidades nacionales argentinas, con especial atención a los recursos humanos, el presupuesto y la producción (publicaciones), distinguiendo dentro del conjunto a quienes pertenecen al CONICET (investigadores y becarios) según universidad, así como una caracterización de los heterogéneos marcos regulatorios coexistentes. Complementariamente, introduce una distinción cualitativa entre dos tipos de investigación, que asocia a dos perfiles de docentes investigadores: la investigación productora de nuevo conocimiento, que se canaliza centralmente a través de revistas indexadas, predominante entre los investigadores del CONICET; y la investigación de cátedra, dedicada a la actualización y profundización de los conocimientos, canalizada vía congresos y revistas nacionales, y libros para la enseñanza, predominante entre los docentes universitarios con dedicación exclusiva no pertenecientes al CONICET. Es esta última, y no tanto la primera, la investigación que tendría un mayor vínculo de complementariedad con la calidad de la enseñanza, complementariedad considerada distintiva de las universidades.

En segundo lugar, dentro de los estudios basados en la encuesta internacional Academic Profession In The Knowledge Society (APIKS), implementada entre 2018 y 2019 en más de veinte países, y que en la Argentina abarcó a alrededor de 1.000 docentes de universidades públicas, destacamos el trabajo de Marquina y Yuni (2023), que caracteriza de manera comparada las concepciones y prácticas de investigación de docentes investigadores universitarios y del CONICET (investigadores y becarios). Entre otras diferencias entre ambos tipos de actores, señalan: los últimos poseen en mayor proporción un doctorado, formación en el exterior, y prácticas colaborativas con colegas internacionales (principalmente en las “ciencias duras”); y son más productivos en investigación, sobre todo en la publicación de artículos en revistas: el 54% de los investigadores del CONICET declara haber publicado más de tres artículos en los últimos tres años, frente al 16% de los universitarios.

En tercer lugar, en el marco de un amplio estudio sobre el Programa de Incentivos llevado adelante por un grupo de investigadores, Beigel (2019) señala que desde la creación del Programa conviven en Argentina dos carreras de investigación, dos culturas evaluativas: la del CONICET y la del Programa de Incentivos. La cultura evaluativa del CONICET es más homogénea, valora la trayectoria en investigación, las publicaciones internacionales calificadas según índices bibliométricos (indexación, factor de impacto, etc.), y la producción en idioma inglés, salvo en las ciencias sociales y humanas, en donde tiene fuerte presencia el circuito latinoamericano de publicaciones y el idioma español; mientras que la cultura evaluativa del Programa es más heterogénea (variando según instituciones y áreas disciplinares), otorga importancia fundamental al cargo y a las actividades docentes, en tanto función principal de la universidad, y a la producción volcada a circuitos de publicación de alcance local y nacional.

Finalmente, en un trabajo que aborda la evolución de la producción científica argentina en el período 2004-2020, a partir de varias bases de datos internacionales, Levin (2026) compara la productividad (según varios indicadores) y las temáticas abordadas de investigadores del CONICET y de investigadores no pertenecientes a dicho organismo;2 si bien no se los identifica específicamente, es dable esperar que entre los segundos estén presentes los universitarios. En cuanto a la productividad, la de los investigadores del CONICET es mayor que la del resto: entre los primeros, en el período 2004-2020, pasó de 0,7 a 1,5 artículos por año, y entre los segundos, de 0,2 a 0,4. Y en cuanto a la temática, los primeros tendrían mayormente una producción internacionalizada y centrada en ciencias biológicas, exactas y naturales, y los segundos una orientación más local y regional, con fuerte peso de las ciencias sociales.

En continuidad y complementariedad con estos y otros estudios, este trabajo pretende aportar en la profundización de dos aspectos relativamente poco atendidos: por un lado, la inserción universitaria como docentes de los investigadores del CONICET; por el otro, el carácter de investigadores de una parte de los docentes no pertenecientes al CONICET. Pensamos que un mayor conocimiento de este mapa heterogéneo de actores puede contribuir tanto a ponderar los efectos de políticas previas dirigidas al sector, como al diseño de nuevas iniciativas.

Caracterización de tres carreras académicas vinculadas a la investigación

Carrera docente universitaria

La carrera docente3 en las universidades nacionales se compone de un escalafón de cargos muy extendido (salvo algún matiz terminológico), que comprende los siguientes escalones (en orden descendente): profesor titular, profesor asociado, jefe de trabajos prácticos (JTP), ayudante de 1era (diplomado) y de 2da (alumno). El ingreso a ella, lo mismo que el ascenso, se hace mediante un concurso público y abierto de antecedentes y oposición, y la renovación típicamente depende de una evaluación periódica individual, no abierta a la competencia con otros postulantes. Los concursos docentes, organizados por cada universidad, son llamados en momentos no previsibles por parte de los eventuales aspirantes (a diferencia del CONICET), ya sea cuando se crea un cargo nuevo, o cuando se trata de cubrir una vacante. También existen las designaciones interinas, hasta tanto se realice el concurso, de duración muy variable.4

Además del cargo en el escalafón, el puesto de trabajo docente se caracteriza por el régimen horario o dedicación: cualquiera de los cargos puede desempeñarse con dedicación exclusiva (40 horas semanales), semiexclusiva (20 horas) o simple (10 horas).5 Las tres dedicaciones exigen destinar cierta carga horaria a la actividad docente, pero en cuanto a la investigación en las universidades nacionales, son protagonistas típicos, aunque no excluyentes, los docentes con mayor dedicación (mayor a la simple), sobre todo con dedicación exclusiva.6 Cabe agregar que los llamados a concursos que realizan las universidades para un determinado cargo pueden consignar cualquiera de las dedicaciones; si una mayor dedicación no está contemplada en el concurso, la misma puede ser asignada luego por el consejo directivo de la correspondiente unidad académica.7

Carrera de investigador del CONICET

La Carrera del Investigador Científico y Tecnológico del CONICET posee un escalafón compuesto por cinco categorías, en orden descendente: investigador superior, principal, independiente, adjunto y asistente.8 A esto se agrega una Carrera del Personal de Apoyo a la Investigación y Desarrollo (integrada por profesionales y técnicos), y un sistema de becas (doctorales, de finalización de doctorado y postdoctorales). La evaluación en el CONICET está a cargo de comisiones disciplinarias y de una junta central (que también recurren a consultores especialistas), las cuales desarrollan su tarea de manera unificada a nivel nacional.9 Pasado el primer escalón de la carrera (investigador asistente), el investigador adquiere estabilidad como empleado del organismo, si bien condicionada a no contar con cierto número de informes rechazados.10 El CONICET realiza una convocatoria nacional anual para quienes aspiren a ingresar a la carrera (o también a las becas).11

Carrera en el Programa de Incentivos

El Programa de Incentivos fue creado mediante el decreto nro. 2427 del Poder Ejecutivo Nacional del 19 de noviembre de 1993, en el ámbito de la entonces SPU, con el objetivo central de promover el desarrollo de las actividades de investigación en las universidades nacionales.12 Con tal fin, el Programa otorgaba un incentivo económico a aquellos docentes que cumpliesen ciertos requisitos: participar en un proyecto de investigación acreditado por una entidad habilitada, dictar un cierto mínimo de horas de clases al año, y someterse a un sistema de evaluación específico, mediante el cual obtenían una categoría equivalente de investigación (CEI), o categoría a secas. En la actualidad (y desde 1997) las categorías son cinco, en orden descendente: I, II, III, IV y V. Si bien el monto del incentivo, importante en los años 90, es hoy inexistente,13 las categorías siguen siendo aún utilizadas por las universidades nacionales, determinando una suerte de carrera del investigador universitario, separada de la carrera docente, y alternativa (aunque compatible) a la del CONICET. En cuanto al sistema de evaluación, desde 2003 el proceso de categorización estuvo a cargo de comisiones regionales integradas por “docentes investigadores” (denominación instaurada por el Programa) con categoría I o II, si bien se establecieron criterios uniformes a nivel nacional, acordados entre la SPU y el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) (entre ellos, una “grilla” de puntajes según tipos de antecedentes). La última categorización se convocó en 2015 (la periodicidad de los llamados a categorización ha sido irregular), y sus resultados fueron conocidos de forma casi completa hacia 2020. En 2023 se lanzó una nueva convocatoria a categorización, con una nueva normativa, bajo el nombre de Programa para la Investigación Universitaria Argentina (PRINUAR), pero a la fecha no están disponibles los resultados.14

Vínculos entre las carreras

Estas tres carreras tienen vínculos, tensiones y solapamientos. Entre quienes hacen investigación en las universidades nacionales hay quienes transitan una, dos, o las tres carreras, para lo cual han de someterse a los correspondientes sistemas de evaluación.15 Todos deben recorrer la carrera docente. Una parte son además miembros del CONICET. Y tanto los docentes universitarios que no son miembros del CONICET y realizan tareas de investigación, a los que llamaremos docentes investigadores universitarios puros (o, más brevemente, universitarios puros), como los investigadores del CONICET que son docentes universitarios, han podido participar en el Programa de Incentivos.

A lo anterior, cabe añadir un solapamiento específico entre la carrera docente y la carrera de investigador del CONICET (también vale para profesionales de apoyo y becarios), al que haremos referencia más adelante en este trabajo: el denominado régimen de doble dependencia. La normativa del CONICET les permite a sus miembros desempeñarse como docentes universitarios (el organismo lo ha promovido desde su creación), pero sólo pueden adicionar a su sueldo el monto correspondiente a una dedicación simple, en el entendido de que la docencia debe ocupar una parte menor de su jornada de trabajo; y si poseen un cargo docente con una mayor dedicación (semiexclusiva o exclusiva), el CONICET les descuenta el excedente, y el investigador recibe la mayor parte de su sueldo de la universidad. Esto genera un incentivo para que las universidades sólo incorporen investigadores del CONICET como docentes con dedicación simple (pero como veremos, esto no siempre es así).

Consideraciones metodológicas: hacia una tipología de docentes investigadores

La principal fuente de datos utilizada en este trabajo es el dataset “personas 2020”, el más reciente disponible en el portal de la SICyT referido al personal de ciencia y tecnología, basado en el SICYTAR; de manera complementaria recurriremos a las estadísticas de la SPU. De las 75.991 personas que realizan actividades de investigación que contiene el dataset, seleccionamos un subconjunto de 63.117 casos, cuyos datos son relativamente completos.16 Dentro de este grupo, 56.142 docentes investigadores tienen cargo docente en una universidad pública (88,9 %), 5.638 en una universidad privada (8,9 %), y el resto en otros organismos. Estos 56.142 docentes investigadores en universidades públicas consignados en el SICYTAR representan el 40,2 % del total de 139.636 docentes universitarios en 2020 (Secretaría de Políticas Universitarias, 2022). En el caso del CONICET, los 7.996 investigadores del organismo con cargo docente en universidades nacionales incluidos en el dataset personas 2020, representan el 72,6 % de los 11.007 investigadores consignados por el CONICET para ese año (CONICET, 2021). Este resultado es concordante con lo señalado por Beigel (2019), en base a datos del área de recursos humanos del CONICET: en 2014 el 73 % de los investigadores eran docentes en universidades nacionales.

Las principales variables que contiene el dataset son las siguientes: género, edad, máximo grado académico, disciplina, institución de trabajo y del cargo docente, cargo docente, categoría en el CONICET, categoría de incentivos, máxima dedicación horaria, condición docente (regular, interino, contratado), cantidad de producciones (de tipo muy diverso) en el último año, y en 2, 3 y 4 años anteriores.

Siendo nuestro objeto de estudio las personas que realizan investigación en las universidades nacionales, y en función de la centralidad que otorgamos al puesto de trabajo y al sistema de evaluación, hemos elaborado una tipología de docentes investigadores. La tipología propuesta distingue, por un lado, a quienes sólo tienen relación laboral con la universidad, los docentes investigadores universitarios puros, con las tres posibles dedicaciones horarias (EX: exclusiva, SE: semiexclusiva y SI: simple),17 y, por el otro, a quienes pertenecen al CONICET: investigadores, becarios, y profesionales y técnicos. Para el año 2020, considerando la tipología completa, las proporciones son las que se detallan en el Gráfico 1.

Gráfico 1:
Tipología de docentes investigadores universitarios en UUNN. Año 2020 (%)
Tipología de docentes investigadores universitarios en UUNN. Año 2020 (%)
Fuente: Elaboración propia a partir del dataset personas 2020 del SICYTAR.

Tres carreras académicas comparadas

Para el año 2020, las cantidades de docentes investigadores en universidades nacionales aquí analizados que recorren las tres carreras son bastante diferentes: 50.522 ocupan un cargo docente,18 25.543 poseen una categoría19 en el Programa de Incentivos (en ambos casos, tanto universitarios puros como miembros del CONICET) y 7.996 son miembros de la carrera de investigador del CONICET. Las tres carreras poseen tanto similitudes estructurales como diferencias, tal como se demuestra en el Gráfico 2:

Gráfico 2
Docentes investigadores según categorías en la carrera docente, el CONICET y el Programa de Incentivos en UUNN. Año 2020 (%)
Docentes investigadores según categorías en la carrera docente, el CONICET y el Programa de Incentivos en UUNN. Año 2020 (%)
Fuente: Elaboración propia a partir del dataset personas 2020 del SICYTAR.

Si dejamos a un lado el cargo de profesor asociado, minoritario en general, y prácticamente inexistente en varias universidades, tanto la carrera docente como la del CONICET tienen forma de “U” invertida, con un máximo en la parte media. En efecto, el cargo de JTP representa el 29% y el de investigador adjunto del CONICET asciende a 37%. En el caso de las categorías en el Programa de Incentivos, salvo cierta pequeña diferencia entre las categorías 3 y 4, la forma es casi lineal, con un mínimo en la categoría más alta y un máximo en la más baja.

Otro modo de comparar las tres carreras es en cuanto a la estrechez de su cúspide, esto es, la probabilidad que tienen los docentes investigadores de acceder a los puestos más altos. Como se ve en el gráfico 2, considerando el primer puesto, la carrera más exigente sería la del CONICET (3% de investigadores superiores), luego la del Programa de Incentivos (7% en la categoría 1) y finalmente la carrera docente (14% de profesores titulares); y considerando el segundo puesto (dejando de lado el caso minoritario del cargo de profesor asociado), se observa que la relación entre la carrera del CONICET y la del Programa de Incentivos en cuanto a exigencia se invierte (13 frente a 10%). Caben aquí dos comentarios. Dado que, en el total de los cargos docentes universitarios en el mismo año, el porcentaje de profesores titulares es bastante menor -9 frente a 14% (Secretaría de Políticas Universitarias, 2022)-, esto parecería indicar que realizar investigación incrementa las probabilidades de alcanzar el cargo más alto de la carrera docente. Y en el caso del CONICET, posiblemente sea relevante el contexto histórico para dar cuenta de la reducida proporción de investigadores superiores. Con una pirámide envejecida a comienzos de los años 2000, según el diagnóstico de autoridades y especialistas, el muy fuerte incremento de los ingresos a la carrera de investigador a partir de 2004 contribuyó a rejuvenecerla, y la onda de este crecimiento no habría llegado aún al cargo más alto; como veremos, el promedio de edad de los investigadores superiores en 2020 es de 67 años, por lo que muy probablemente su ingreso a la carrera sea anterior a 2004.20

Comparando ahora las dos carreras que involucran empleadores diferentes (universidades y CONICET), con la categorización en el Programa de Incentivos, al calcular la categoría promedio obtenida en el mismo por los docentes investigadores (medida con decimales, si bien las categorías son números enteros), se observa que, al menos en las categorías más altas, la carrera de investigador del CONICET guarda una correspondencia más cercana que la carrera docente: la categoría de incentivos promedio de los profesores titulares es 2,7, la de los asociados 3, y la de los adjuntos 3,8; en tanto la de los investigadores superiores es 1, la de los principales 1,7, y la de los independientes 2,9.21 Por otra parte, podemos encontrar un indicador agregado de semejanza o asociación (considerando que las tres carreras tienen un escalafón ordinal de 1 a 5): el coeficiente de correlación rho de Spearman entre la carrera del CONICET y la categoría del Programa de Incentivos es 0,79, valor que desciende a 0,55 entre el cargo docente y el Programa. En ambos casos el valor es positivo e importante, lo cual es coherente, pero hay mayor relación entre la categoría en el Programa y la carrera del CONICET.

Analizamos ahora la relación de la edad y el género con las tres carreras académicas. Respecto de la edad, consideramos la dificultad para acceder a los primeros puestos medida por la edad promedio de quienes los ocupan, tal como se indica en el Gráfico 3.

Gráfico 3
Edad promedio de los docentes investigadores en las dos categorías más altas de las tres carreras en UUNN. Año 2020
Edad promedio de los docentes investigadores en las dos categorías más altas de las tres carreras en UUNN. Año 2020
Fuente: Elaboración propia a partir del dataset personas 2020 del SICYTAR.

Considerando el primero y el segundo puesto, los promedios de edad más altos se encuentran en la carrera del Programa de Incentivos (67 y 61 años), le sigue la del CONICET (67 y 58) y luego la carrera docente (59 y 57). El primer puesto de la carrera del CONICET y del Programa es ocupado por personas con una edad promedio bastante más alta que en la carrera docente (8 años más); y en ambas la diferencia de la edad promedio entre quienes ocupan el primero y el segundo puesto (6 y 9 años) es bastante mayor que entre quienes los ocupan en la carrera docente (2 años).

En cuanto al género, veamos en el Gráfico 4 la proporción de mujeres y de varones según las categorías más altas de las tres carreras.

Gráfico 4
Puestos más altos en las tres carreras según género en UUNN. Año 2020 (%)
Puestos más altos en las tres carreras según género en UUNN. Año 2020 (%)
Fuente: Elaboración propia a partir del dataset personas 2020 del SICYTAR.

Por ejemplo, mientras el 12 % de las mujeres ocupa el cargo de profesora titular, entre los varones el porcentaje asciende al 17 %. Con igual lógica pueden leerse los valores para las dos categorías más altas del CONICET y del Programa de Incentivos. Se observa entonces una probabilidad diferencial de acceder a los puestos más altos en función del género.22 Sólo en el caso del Programa de Incentivos las mujeres alcanzan en mayor proporción que los varones el tercer puesto, la categoría 3, lo cual es relevante, dado que dicha categoría, al igual que la 1 y la 2, habilita a dirigir proyectos de investigación en las universidades.

Tipos de docentes investigadores y carreras académicas

Reorganizando parcialmente la tipología completa presentada más arriba, en esta sección haremos foco en tres tipos reagrupados principales, los universitarios puros exclusivos, los universitarios puros semiexclusivos o simples, y los investigadores del CONICET, analizando su desempeño en la carrera docente y en la carrera en el Programa de Incentivos.23

Tipos y carrera docente

En relación con la carrera docente, compararemos los tres tipos de docentes investigadores según la jerarquía del cargo, la regularidad (el concurso) y la dedicación (EX, SE o SI). Según el gráfico 5, entre los universitarios puros exclusivos, el 24% tiene cargo de profesor titular, porcentaje que baja al 17% entre los investigadores del CONICET, y al 11% entre los universitarios puros semis o simples. Si tomamos el conjunto de los cargos de profesor, podemos decir que el 72% de los universitarios puros exclusivos accedió al cargo de profesor, cifra que baja al 58% entre los investigadores de CONICET y al 39% entre los universitarios puros semis o simples.

Gráfico 5
Tipos de docentes investigadores según cargos de la carrera docente en UUNN. Año 2020 (%)
Tipos de docentes investigadores según cargos de la carrera docente en UUNN. Año 2020 (%)
Fuente: Elaboración propia a partir del dataset personas 2020 del SICYTAR.

El carácter concursado del cargo mantiene la misma relación entre los tipos que la jerarquía del cargo: universitarios puros exclusivos 69%, investigadores del CONICET 60%, y universitarios puros semiexclusivos o simples 47%.

En cuanto a la dedicación del cargo docente, en el Gráfico 6 haremos la comparación entre los universitarios puros en su conjunto y los investigadores del CONICET (dado que la dedicación es parte de la definición de dos de los tipos antes considerados).

Gráfico 6
Docentes investigadores universitarios puros e investigadores del CONICET según dedicación del cargo docente en UUNN. Año 2020 (%)
Docentes investigadores universitarios puros e investigadores del CONICET según dedicación del cargo docente en UUNN. Año 2020 (%)
Fuente: Elaboración propia a partir del dataset personas 2020 del SICYTAR.

En ambos grupos, universitarios puros e investigadores del CONICET, el 28% tiene dedicación exclusiva. Esto llama la atención, puesto que la normativa del CONICET (comentada más arriba) no les permite sumar ambos sueldos de jornada completa, sino que la universidad paga la dedicación exclusiva, y el CONICET sólo la diferencia entre dicho monto y la suma del cargo de investigador más una dedicación simple.24 Si consideramos los cargos (docentes y del CONICET) de manera desagregada, se observa que quienes ocupan los puestos más altos poseen dedicaciones exclusivas en proporciones bastante más altas que el promedio: 51% de los investigadores superiores (más de la mitad), 46% de los principales, y 34% de los independientes; y entre los universitarios puros, 48% de los profesores titulares, 61% de los asociados y 38% de los adjuntos.

Tipos y carrera en el Programa de Incentivos

Pasamos ahora al desempeño en la categorización en el Programa de Incentivos de los tipos de docentes investigadores analizados. La proporción de categorizados frente a no categorizados en los tres tipos es la siguiente: 75% de los universitarios puros exclusivos, 71% de los investigadores del CONICET, y 32% de los universitarios puros semis o simples. El Gráfico 7 muestra las proporciones de los tres tipos en las cinco categorías de la carrera en el Programa.

Gráfico 7
Tipos de docentes investigadores según categoría en el Programa de Incentivos en UUNN. Año 2020 (%)
Tipos de docentes investigadores según categoría en el Programa de Incentivos en UUNN. Año 2020 (%)
Fuente: Elaboración propia a partir del dataset personas 2020 del SICYTAR.

Volvemos a observar aquí el desempeño exitoso de los investigadores del CONICET, superior al de los universitarios puros exclusivos (también al de los semiexclusivos y simples) en relación con el Programa de Incentivos: en la categoría 1, la proporción de los primeros es 2,3 veces mayor que la de los segundos; y si consideramos las categorías 1 y 2 en conjunto, es 1,5 veces mayor.

Discusión

Comparación de las tres carreras académicas

Al presentar datos sobre las tres carreras objeto de estudio en este trabajo, observamos lo siguiente:

  1. -en las carreras del CONICET y del Programa de Incentivos la proporción de quienes ocupan la categoría más alta es menor que en la carrera docente: 3 y 7%, frente a 14%;

  2. -la carrera del CONICET guarda mayor correspondencia con la carrera del Programa de Incentivos que la carrera docente, medida dicha correspondencia según un coeficiente de correlación, y observada especialmente en las tres categorías más altas (1, 2 y 3);

  3. -las dos categorías más altas de las carreras del CONICET y del Programa de Incentivos están ocupadas por personas de mayor edad promedio que las de la carrera docente: 67 y 58, y 67 y 61 años, frente a 59 y 57 años;

  4. -en cuanto al género, la proporción del total de mujeres que ocupan las dos categorías más altas en las tres carreras, es menor que la de los varones; lo mismo ocurre con la tercera categoría de la carrera del CONICET (investigador independiente) y de la carrera docente (profesor adjunto), pero no así en la categoría 3 del Programa de Incentivos, en donde la proporción es levemente superior entre las mujeres que entre los hombres.

A partir de tales resultados podemos afirmar en general, en relación con la cúspide de dos de las carreras que, a pesar de la diferencia de criterios de evaluación, el Programa de Incentivos, un sistema diseñado para medir a los docentes en tanto investigadores, no es menos selectivo que el CONICET en cuanto al acceso a los puestos más altos (dejamos acá de lado los primeros escalones de cada carrera, ciertamente poco comparables).

Y en relación con la probabilidad de acceso a la cúspide según género, las tres carreras muestran desigualdad en detrimento de las mujeres (algo menor en el Programa de Incentivos). Entre otros, dos mecanismos (probablemente en combinación) podrían contribuir a explicar estas diferencias. Uno, el ilustrado por la analogía del techo de cristal, que alude a la presencia de múltiples factores (económicos, culturales, políticos), en parte invisibles, que frenan en cierto punto el ascenso de las mujeres, o lo hacen más dificultoso. Otro, el hecho de que la conciencia social general, y las medidas de política en favor de la igualación de oportunidades entre mujeres y varones, se han incrementado en épocas relativamente recientes, y la onda igualadora, ya presente en el acceso a la profesión académica y a la profesión científica, ha alcanzado por ahora a los puestos bajos y medios de las carreras, pero todavía no a los más altos; el paso del tiempo podría ayudar a corroborar o desmentir la actuación de estos mecanismos.

CONICET versus universitarios puros

Repasando los datos analizados, observamos una inserción universitaria de los investigadores del CONICET muy exitosa: alcanzan el cargo más alto de la carrera docente (profesor titular) en proporción menor que los universitarios exclusivos puros, pero mayor que el conjunto de los semiexclusivos y simples, y lo mismo ocurre con la proporción de cargos concursados; la carrera en el Programa de Incentivos, creada especialmente para los universitarios puros, presenta un mayor ajuste (correlación entre los puestos) con la carrera del CONICET que con la carrera docente, y la proporción de quienes ocupan las categorías más altas (1 y 2) entre los investigadores del organismo es bastante mayor que la de los universitarios puros exclusivos (y mayor aún que la del resto); y finalmente, la proporción de dedicaciones exclusivas de los investigadores del CONICET es igual a la del conjunto de los universitarios puros, a pesar del desincentivo que tienen las universidades en reemplazar al CONICET como principal pagador del sueldo del docente investigador.

Ahora bien, en el marco de las diferencias arriba mencionadas entre las culturas evaluativas del CONICET y de las universidades, Beigel (2019) señala que muy probablemente los méritos usuales de un docente universitario no le permitirían ingresar al CONICET; así como los solos logros típicos de un investigador de este organismo (su capital científico), no le otorgarían muchas chances de ganar un concurso en una universidad pública, en donde el capital universitario, un capital social conformado por relaciones y conocimientos informales localmente relevantes, cumple un papel central. ¿Contradicen nuestros datos este análisis? Nuestra conjetura, basada en datos aislados (y en nuestra idiosincrática experiencia) es que no. Arriesgamos la siguiente hipótesis, requerida de testeo empírico: la exitosa inserción de los investigadores del CONICET en las universidades nacionales se explica porque, además de poseer un importante capital científico, muchos de ellos son portadores de un capital social universitario similar al de los universitarios puros, dado que también son locales en una alta proporción, al ser egresados de la misma universidad en la que enseñan, y en la que recorrieron los diversos cargos del escalafón docente.25 Pero, ciertamente, como señala Beigel, un investigador del CONICET “forastero” tendría el camino muy cuesta arriba.

Epílogo: restricciones estructurales y apuestas individuales

Como hemos señalado en estas notas, una premisa básica de nuestro análisis nos recuerda que la carrera académica en la Argentina induce a los docentes-investigadores a realizar una apuesta bifronte: por un lado, permite una elección complementaria entre la docencia universitaria y la investigación (cada una con su propia lógica institucional de evaluación y estratificación); por otro, obliga a una opción excluyente entre la carrera de investigación universitaria o la carrera de investigación científica del CONICET. De aquí la importancia de prestar atención a dos niveles de preguntas específicas: ¿Qué vínculos, tensiones y solapamientos estructurales hay entre las carreras académicas analizadas? ¿Cómo afectan estas lógicas estructurales las opciones individuales de los agentes?

En principio, desde la lógica macro del funcionamiento de los campos, es de sobra conocido que las carreras académicas más dinámicas orientadas a la investigación hace ya largo tiempo que se han desgajado del viejo sistema universitario de cátedra. No obstante, también es sabido que dicho sistema piramidal de organización de la docencia –que, sobre todo, sigue ostentando ciertas ventajas organizacionales, principalmente en grandes universidades o en carreras masivas-, continúa siendo una columna vertebral de la estructuración académica, institucional y política de la vida universitaria. En otros términos, la ciudadanía universitaria plena la sigue otorgando el concurso de acceso a un cargo docente regular u ordinario, cualquiera sea el status de investigador/a alcanzado.

Pero desde mediados de los años noventa encontramos entre dos de las carreras mencionadas –la carrera docente y la categorización del Programa de Incentivos- zonas de solapamiento y de tensión, de las que solamente señalaremos una: tanto la formación de recursos humanos (presentación de candidatos/as a concursos de becas), como la dirección de unidades de investigación dentro del ámbito institucional de las universidades (institutos, centros, laboratorios, etc.), han quedado vinculadas en muchos casos a las categorías del Programa de Incentivos. Esto ha llevado a un problema notorio: en la medida en que los procesos de categorización se han ido retrasando, la temporalidad de las carreras y la productividad acreditada de los agentes se ha ido desfasando. Así, por caso, un/a investigador/a puede poseer la suficiente expertise como para estar a cargo de una unidad de investigación, pero su categoría actual de incentivos no le permite hacerlo. Esta situación de desfase entre el trayecto académico y el desarrollo institucional ha impulsado a las autoridades universitarias a plantear dos tipos de respuestas, una más coyuntural y otra más estructural: la primera se refiere al establecimiento de mecanismos ad hoc de equivalencia o similares; la segunda estrategia consiste en desarrollar sistemas propios de categorización de la investigación, paralelos (y solapados) tanto al Programa de Incentivos como al CONICET.

Por su parte, en el espacio micro de las apuestas individuales a las que hace referencia Bourdieu, encontramos otra zona abierta a la tensión de fuerzas e intereses cruzados. Así, sea cual fuere su posición en el sistema de cátedras: ¿qué define la apuesta fundamental de un/a docente investigador/a por una carrera de investigación: universidad o CONICET? Por supuesto, los datos agregados no nos permiten inferir el contenido de las respuestas individuales, pero a partir de las lógicas estructurales de funcionamiento del campo podemos colegir algunos trayectos de manera estilizada.26

Más allá de eventuales posibilidades de planificación en el mediano plazo, se trata de un proceso que se va construyendo –no pocas veces de manera azarosa- en una carrera en la que se articulan elecciones, restricciones y oportunidades. Así, para un joven o una joven con aptitud para el estudio en cualquier rama del conocimiento, y con respetables aspiraciones de emancipación económica, el ingreso al CONICET aparece –al decir de Eric Hobsbawm (1997)- como una promisoria “carrera abierta al talento” (las becas del sistema universitario –allí donde están disponibles- suelen ser menores en cantidad y con una retribución económica inferior). En este marco, la posibilidad de “sacarse una beca” constituye una síntesis práctica, en la que se combinan tanto los anhelos de una vocación juvenil como una estrategia concreta de supervivencia.

Ciertamente, esta opción individual encuentra un sólido punto de apoyo en un dato estructural insoslayable: las oportunidades diferenciales de desarrollo de una carrera de investigación en el CONICET o en la universidad. De acuerdo con el anuario estadístico publicado por el ex Ministerio de Educación (en la actualidad, Ministerio de Capital Humano), para el año 2022 se informa que solamente el 10% de los docentes universitarios tienen una dedicación exclusiva (lo cual permite combinar equilibradamente los compromisos docentes con las exigencias de la investigación), el 17% dispone de una dedicación semiexclusiva, y alrededor del 70% sólo posee una dedicación simple. En otras palabras, el perfil general que nos muestran las universidades nacionales (pasamos aquí por alto las significativas variaciones disciplinares y de establecimientos) está fuertemente sesgado hacia las actividades de docencia, más que a las de investigación, de la mano –entre otros factores- de una orientación de la matrícula estudiantil preferentemente inclinada hacia carreras de índole profesional.

De manera complementaria con lo anterior, nos encontramos con un elemento hasta cierto punto paradójico: estamos considerando sistemas de evaluación que –en términos generales- estratifican a sus miembros con una pequeña diferencia en lo que a ingresos materiales se refiere, aunque la situación es marcadamente distinta si observamos la cuestión desde la perspectiva de las condiciones materiales de desarrollo de una carrera profesional. Para captar este punto podemos utilizar la clásica distinción económica entre flujo (ingresos en el tiempo) y stock (bienes acumulados, riqueza, maquinaria, etc.).

En este marco, dados salarios con montos relativamente análogos según las distintas categorías, pueden existir incentivos favorables al acceso a ciertas líneas de recursos complementarios para el financiamiento de proyectos de investigación: valga como ejemplo el caso del apoyo financiero de los Proyectos de Investigación Plurianuales (PIP-CONICET), que han consistido en un flujo de recursos significativos hacia el sector para la realización de trabajo de campo, al menos hasta hace un tiempo atrás.27 Distinto es el panorama, en cambio, si consideramos el asunto desde el punto de vista del stock de capital físico hundido en las instituciones: en muchos casos, sólo las unidades de investigación del CONICET poseen –en el caso de las disciplinas naturales, experimentales o ingenieriles- el equipamiento necesario para llevar adelante ciertas investigaciones, con lo cual no está disponible la apuesta de investigar por fuera del sistema. En otros términos, en comparación con otros sistemas sociales de estratificación económicamente jerarquizados, el capital económico individual parece jugar un papel menor en la elección de los académicos en favor de una carrera de investigación. Pero la apuesta en favor de una carrera de investigación a través del CONICET es mucho más importante desde el punto de vista de las condiciones materiales de desarrollo profesional, esto es, desde la perspectiva del capital económico acumulado institucionalmente en el campo.

La otra cara de la moneda a la hora de auscultar los móviles fundamentales de las apuestas académicas podemos encontrarla en un complejo balance inducido por cuestiones ligadas al capital simbólico y al capital político. En el primer caso, porque es posible conjeturar que las representaciones nativas sobre la mayor productividad y el mayor prestigio que ostenta la investigación en el CONICET atraen, especialmente, a los agentes más dinámicos y productivos de los diferentes campos científicos. En el segundo caso, porque el establecimiento de una carrera meritocrática con reglas más claras, con mayores recaudos de objetividad y orientada de manera primordial a la producción de conocimiento, contrasta con la trama política de la conformación del poder universitario y sus cambiantes vaivenes de coyuntura. En tal sentido, un/a académico/a que quiera disponer de una mayor autonomía personal (el cargo del CONICET se puede trasladar a diferentes “lugares de trabajo”), y a la vez ponerse a salvo de eventuales demandas de redes partidarias o de grupos políticos, puede hallar en el CONICET seguridades que no siempre encuentra en la universidad.

Sin duda, estas pocas figuras estilizadas de apuestas individuales en su relación con las lógicas estructurales de funcionamiento del campo científico y de la educación superior, constituyen un bosquejo rudimentario en el estudio de la “doble vida” de los procesos de producción, circulación y legitimación del conocimiento, a la vez que un aspecto central de la distribución asimétrica y conflictiva de los capitales en juego (Bourdieu y Wacquant, 1995). De este modo, una tarea pendiente es avanzar en el estudio más preciso de los mecanismos que operan a nivel “macro” y en el plano “micro”, así como también analizar sus complejas dinámicas interactivas.

Roles de colaboración

Antonio CamouEscritura – revisión y edición
Marcelo PratiEscritura – revisión y edición
Sebastián VarelaEscritura – revisión y edición

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Notas

1 Una versión preliminar de este trabajo fue presentada como ponencia en el IX Encuentro Nacional y VI Latinoamericano La Universidad como Objeto de Investigación, realizado en la Universidad Nacional de La Plata los días 13, 14 y 15 de noviembre de 2024 (Camou, Prati y Varela, 2024).
2 En el artículo se hacen referencias a la comparación entre argentinos y CONICET, especificando en algunas ocasiones que los primeros son no CONICET; entendemos que esto es así en todos los casos.
3 Utilizamos aquí la expresión carrera docente en un sentido genérico. A partir de la década de 1990 el término adquiere un significado técnico para hacer referencia a reglamentaciones específicas sobre los derechos y obligaciones de los docentes universitarios (Atairo y Rovelli, 2019).
4 Si bien el concurso público es la vía consagrada por la normativa universitaria, el ingreso efectivo a un cargo suele darse previamente a través de algún mecanismo interino de selección o designación, con grados variables de apertura y competencia.
5 Existe un régimen de incompatibilidades que permite un máximo de 50 horas semanales en todo el sistema universitario; así, por ejemplo (junto con otras combinaciones posibles), está permitido adicionar un cargo simple a uno exclusivo, o poseer dos cargos semiexclusivos y uno simple.
6 La exigencia de realizar tareas adicionales a la docencia (investigación, extensión, transferencia, gestión, etc.) a quienes posean una mayor dedicación, es reglamentada por cada universidad.
7 García de Fanelli (2009) compila un conjunto de trabajos en donde se analizan de manera exhaustiva los distintos aspectos de la carrera docente (o profesión académica).
8 Sobre la carrera de investigador del CONICET ver Svampa y Aguiar, 2024.
9 Esto contrasta con la descentralización de los concursos docentes, en los cuales la evaluación está a cargo de una comisión creada específicamente por cada universidad para cada concurso. Esto es, mientras cada año todos los postulantes en el CONICET en una cierta categoría y área disciplinaria, son evaluados y rankeados por las mismas comisiones evaluadoras, lo que garantizaría cierta homogeneidad en la aplicación de criterios, las múltiples comisiones evaluadoras de concursos pueden presentar, en principio, mayores diferencias.
10 Sobre los criterios de evaluación en el CONICET, y su implementación (no sólo los aspectos normativos), ver Beigel, 2017.
11 La Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC-PBA), en analogía con el CONICET, posee también una carrera de investigador, y un sistema de becas, de dimensiones mucho más reducidas.
12 Sobre el Programa de Incentivos a nivel nacional, así como sobre su implementación en universidades y disciplinas seleccionadas, véanse Araujo, 2003, García de Fanelli, 2005, Sarthou (2016), Beigel y Bekerman, 2019) y Prati, 2024.
13 El monto del incentivo variaba según categoría y dedicación. A fines de la década de 1990 el monto máximo podía alcanzar al 60% del salario. Considerando promedios, Del Bello (2022) señala que el incentivo pasó de representar más del 30% de los ingresos docentes en 1994, a menos del 3% en 2022. En marzo 2024 se pagó por última vez el incentivo, correspondiente al año 2021.
14 Desde el punto de vista legal, el PRINUAR, creado mediante Resolución nro. 472 del Ministerio de Educación del 9/3/2023, consiste en una modificación de los artículos 5 a 24 del Manual de Procedimientos del Programa de Incentivos de 2014 (el decreto de creación no fue derogado), esto es, es un sistema de categorización de docentes-investigadores de universidades públicas y privadas.
15 Sobre evaluación de la docencia y la investigación universitarias ver Rovelli y Vommaro, 2025.
16 Las definiciones del SICYTAR de los dos tipos personas que realizan actividades de investigación es la siguiente: Definición de investigador: quien cumpla con al menos uno de los siguientes criterios en un año de referencia (por más del 75% del tiempo de ese año de referencia): a) tener un cargo de I+D, o b) tener un Cargo docente con el que realiza actividades de I+D, con dedicación semi-exclusiva o exclusiva y participa en un proyecto de investigación como integrante-investigador, o c) tener Categorización en el Programa de Incentivos y un Cargo docente con dedicación simple con el que realiza actividades de I+D y participa en un proyecto de investigación como integrante-investigador, o d) participar en un proyecto de investigación como director o codirector, o e) registrar al menos 4 productos científico-tecnológicos en los últimos 2 años. Definición de becario de I+D: quien realiza actividades de investigación y desarrollo bajo la dirección de un investigador, usualmente con la finalidad de formarse. Quien cumpla con al menos uno de los dos siguientes criterios en un año de referencia (por más del 75% del tiempo de ese año de referencia): a) registrar una beca relacionada con investigación en sus antecedentes profesionales, o b) registrar una participación en un proyecto de I+D como becario de I+D.
17 Para el año 2020, la distribución total de cargos docentes universitarios según dedicación (realicen o no investigación, pertenezcan o no al CONICET) es la siguiente: 10,8% EX, 17,8% SE, 68,4% SI y 3% otros (Secretaría de Políticas Universitarias, 2022).
18 La diferencia entre los 56.142 casos antes mencionados, y estos 50.522, se debe a que dejamos de lado en el análisis a 2.094 ayudantes de 2da (estudiantes), y a 3.526 casos consignados como “otro cargo”.
19 Estos 25.543 casos de categorizados cumplen la definición del SICYTAR de persona que realiza investigación, consignada más arriba. De ahí que la cantidad sea mucho menor que los categorizados contabilizados por la SPU para 2020: cerca de 60.000 (Secretaría de Políticas Universitarias, 2022). Sin presentar estadísticas desagregadas por universidad (como lo hacían los anuarios hasta 2015), la SPU identifica para 2020 un subconjunto de aproximadamente 24.500 “incentivados” (personas que perciben el incentivo monetario), cifra más similar a la consignada por el SICYTAR. Los docentes podían presentarse a la categorización y obtener una categoría, pero la percepción del incentivo requería requisitos adicionales, entre ellos, poseer un cargo docente con mayor dedicación (o con dedicación simple, y pertenecer al CONICET), y participar en un proyecto de investigación acreditado.
20 Considerando las últimas tres décadas, el número de investigadores del CONICET pasó de 2.854 en 1992 a 3.804 en 2003, con un crecimiento de un 33% en 21 años, y de 4.019 en 2004 a 10.619 en 2018, con un crecimiento de un 164% en 14 años (Alasino, 2020).
21 Cabe agregar que los grupos de investigadores del CONICET son más homogéneos que los de la carrera docente, ya que la desviación típica de los promedios es menor en casi todos los casos.
22 Cabe señalar que, del total de docentes investigadores analizados en este trabajo, los porcentajes de mujeres y varones son 57,5 y 42,5%, respectivamente; esta diferencia contrasta con las proporciones en el conjunto de los docentes universitarios (realicen o no actividades de investigación), en donde los porcentajes son más similares: 50,2% mujeres y 49,8% varones (Secretaría de Políticas Universitarias, 2022).
23 Dejamos aquí a un lado a los becarios y a los profesionales y técnicos del CONICET, entre los cuales la proporción que ocupa un cargo docente es bastante menor que entre los investigadores (como vimos más arriba, en conjunto representan aproximadamente un 7% de los docentes investigadores incluidos en la tipología completa).
24 Con la normativa del Programa de Incentivos vigente entre 1993 y 2003, esto generaba grandes diferencias para los investigadores del CONICET: dado un investigador del organismo con cargo docente exclusivo, y otro con cargo docente simple, ambos con 50 horas semanales de trabajo, e iguales en todo lo demás, el primero podía llegar a percibir un monto hasta 6 veces mayor en concepto de incentivo.
25 Un dato de referencia es el siguiente: para 2011, el 65% de los profesores, y el 67,2% de los auxiliares docentes de la Universidad de Buenos Aires, declaraba haber completado sus estudios universitarios de grado en la misma universidad (Universidad de Buenos Aires, 2011).
26 Hablamos de apuesta “fundamental” para remarcar el carácter de opción institucional por una u otra carrera; por supuesto, como hemos visto a lo largo de estas páginas, se observan zonas de solapamiento entre sistemas, allí donde un/a investigador/a del CONICET, que a su vez es docente universitario, puede también acceder al Programa de Incentivos.
27 La cuantía de este tipo de financiamiento contrasta fuertemente con los magros recursos que reciben los proyectos del Programa de Incentivos por parte de las universidades para el desarrollo de la investigación.

Recepción: 16 febrero 2026

Aprobación: 01 abril 2026

Publicación: 01 junio 2026



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