Archivos de Ciencias de la Educación , nº 8, 2014. ISSN 2346-8866
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Departamento de Ciencias de la Educación

 

RESEÑA / REVIEW

 

La ladrona de libros” Reseña de una película de Brian Percivel sobre un libro de Markus Zusak, USA – Alemania 20th Century Fox, 2013.

 

Carolina Urtasun

Universidad Nacional de La Plata
Argentina

Cita sugerida: Urtasun, C. (2014). [Reseña de la película La ladrona de libros, sobre un libro de Markus Zusak de Percivel, B.]. Archivos de Ciencias de la Educación, (8). Recuperado de http://www.archivosdeciencias.fahce.unlp.edu.ar/article/view/Archivos08a17

 

Entre otras cosas, escribo para que no suceda lo que temo; para que lo que me hiere no sea; para alejar al Malo. Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.
Alejandra Pizarnik

 

“La ladrona de libros”, película de Brian Percivel basada en una novela de Zusak, cuenta la historia de una niña alemana, Liesel, a quien sus padres dejan en adopción antes de huir de la Alemania nazi tiempo antes de la Segunda Guerra Mundial. Liesel es acogida por una pareja de mediana edad, con la que aprende a convivir y a leer. El primer día de clases en la escuela sus compañeros se burlan de ella porque, en lugar de su nombre, escribe apenas unas grandes cruces en el pizarrón. Sin embargo, su padre adoptivo fomenta su pasión por los libros: le lee antes de dormir y pinta en las paredes del sótano de la casa un gran abecedario para que Liesel escriba todas las palabras que va conociendo. Cuando Liesel aprende a leer, y la relación con su padre adoptivo se hace más profunda, se suma un integrante al seno familiar: Max, un joven judío escapado de la Noche de los Cristales Rotos (Noviembre de 1938), a quien los padres adoptivos de Liesel deciden refugiar en el sótano, y de quien la niña se hace íntima amiga.

Podemos decir que la historia de Liesel es una historia de pérdidas. Cada hito de la historia está marcado por una negación, una falta hacia ella y eso hace que la película tenga una carga emocional muy fuerte. Pero también podemos decir que el relato tiene sus ganancias. Son esos momentos en que, a pesar de la oscuridad que la rodea, Liesel encuentra cabos de los que sostenerse, que le permiten construir una trama para seguir adelante. Uno de esos cabos son los libros. En medio del conmocionante contexto de guerra en el que vive, la protagonista desarrolla relaciones clave con personas que le ayudan a conseguir libros para leer y con quienes comparte el placer de la lectura.

La familia que acoge a Liesel procura sobrevivir en esa sociedad y responder formalmente a las autoridades. Como bien se sabe, la sociedad civil alemana no era homogénea respecto a su postura sobre el régimen, como tampoco ajena a él. En aquella época, el nazismo pretendió ejercer una influencia muy grande sobre las personas, en especial sobre los más jóvenes, convocándolos a vivir por y para el Führer (líder), haciendo que las familias perdieran autoridad y autonomía frente a la formación de los hijos1.

En la película pueden verse algunas características de esta educación destinada a los jóvenes. En primer lugar, vemos la escuela, como toda la ciudad, con banderas rojas con la esvástica en las paredes. Dentro del aula, vemos el cuadro de Hitler colgado por encima del pizarrón. A su lado, una gran lámina con imágenes de rostros dibujados desde distintos ángulos que remiten a las “ciencias raciales”. En otro momento, vemos el coro de niños de la escuela, con sus camperas pardas y una esvástica sobre tela roja en el brazo, cantando una canción en alusión al pueblo alemán. En la misma secuencia, Rudy -vecino y amigo de Liesel- es castigado por sus padres porque quiere ser como el corredor de carreras negro Jesse Owen, sin embargo, soldados de la SS lo incorporan al equipo “ario” de promesas deportivas.

Asimismo, los jóvenes participan en un acto oficial de quema de libros. En esa escena, un compañero de la escuela pone a prueba a Liesel y a su amigo Rudy, desafiándolos a ejercitar la lealtad al Führer quemando libros en la hoguera que ocupa el centro de una plaza.

Hacia el final de la escena, cuando en la plaza ya no queda nadie la protagonista inquieta se acerca a la pila ardiente y trata de rescatar un libro humeante. Mientras tanto es observada desde un auto por la esposa del alcalde que la mira sin decir nada y se retira velozmente. Liesel queda expuesta pero establecerá con esa mujer una complicidad inesperada. La esposa del alcalde le abre a Liesel las puertas de su casa y de su biblioteca. Le habilita el acceso a una colección amplia, propia de una familia rica y poderosa del pueblo, donde Liesel puede dejarse llevar por las lecturas y la esposa del alcalde recordar a su hijo muerto en la guerra. En la tranquilidad de esa biblioteca, la relación entre ellas se hace más cercana; pero el alcalde no consentirá ese vínculo y expulsará a Liesel de la casa y del acceso a los libros. Sin embargo, la protagonista persistirá en su deseo lector de modo clandestino y comenzará a robar los libros ingresando por una ventana de la casa señorial.

Los libros robados son compartidos con Max en largas jornadas de lecturas furtivas en el sótano de su casa. Liesel ofrece a su refugiado amigo un mundo de descripciones, viajes e historias que lo alimentan y le dan fuerzas para sobrellevar sus propias pérdidas. De allí surge una escena clave para pensar la película en términos pedagógicos. Max regala a Liesel el libro “Mi Lucha” de Hitler con las hojas pintadas de blanco y una inscripción en hebreo que dice: “escribe”. Lo hace para que ella pueda transformarlo su propio cuaderno de historias. Un acto clandestino que da espacio a la producción de la propia palabra escrita. Una sugerencia amorosa y transgresora para que Liesel escriba en un idioma prohibido una historia también prohibida.

Hacia el final de la película, la ciudad es bombardeada convirtiendo a todos los edificios y casas en escombros. Los padres adoptivos de Liesel y sus vecinos mueren pero ella logra sobrevivir porque se encontraba en el sótano escribiendo en el cuaderno que Max le regaló. En la última toma, se muestra a Liesel ya como una escritora consagrada en un lujoso departamento capitalino. Esa escena refuerza una mirada individual sobre la “salvación” que poco invita a pensar en la liberación (y en la lectura) en términos más colectivos. En este sentido, la película se apoya de alguna manera en una tradición liberal de relatos sobre los totalitarismos que reivindica la fortaleza personal de ciertos individuos que logran oponerse a un régimen que niega su autonomía. En este sentido no contribuye a profundizar la reflexión en términos sociales más amplios que den cuenta del lugar de la “lectura” como un terreno de disputa donde más que “individuos vs régimen” hay distintos sectores sociales en pugna, donde unos colaboran, otros callan y sólo algunos resisten.

En síntesis, la película relata la historia de una niña que sobrevive al nazismo y a la guerra leyendo; una “ladrona de libros” que se convierte en una reconocida escritora en su adultez. Es una historia de transformación en la que, como dice Pizarnik en la cita que da comienzo a esta reseña, la protagonista logra reparar su herida. Los personajes muestran en la película una mirada hacia el otro que supera el temor por el castigo propio. Frente al horror del régimen, la guerra y la educación de los jóvenes en ese sistema, aparecen la construcción de relaciones personales, la lectura de libros -literatura principalmente- y la escritura de la propia historia como prácticas que ayudan a liberar y liberarse, re-construirse, re-vivir la experiencia.

Ficha técnica

Título: La Ladrona de Libros
Título original: The Book Thief
Dirección: Brian Percival
País: USA - Alemania
Año: 2013
Duración: 131 min
Género: Drama, Bélico
Estreno: 10/01/2014
Reparto:  Geoffrey Rush, Emily Watson, Nico Liersch, Joachim Paul Assböck, Sandra Nedeleff, Kirsten Block, Matthias Matschke, Roger Allam, Sophie Nélisse, Oliver Stokowski
Adaptación: Michael Petroni
Fotografía: Florian Balhaus
Música: John Williams
Producción: Karen Rosenfelt
Producción ejecutiva: Redmond Morris
Basada en una novela de Markus Zusak.

 
Notas

1 Michaud, E. (1996) “’Soldados de una idea’. Los jóvenes bajo el Tercer Reich”, en Levi, Giovanni; Schmitt, Jean-Claude (Dir.) Historia de los jóvenes, II. La Edad Contemporánea, Madrid, Taurus.

 

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